El pasado 9 de julio lideresas y defensoras de derechos humanos y ambientales se encontraron en Bogotá en el Encuentro Nacional de intercambio de experiencias: “Pensando en nosotras y nuestra protección”, organizado por el Fondo de Ayudas de Emergencia y Fortalecimiento Organizacional en Protección y Autoprotección (FFP).
El encuentro reunió a mujeres provenientes de colectivos como Asoguimbo, la Liga de Mujeres Desplazadas, el Movimiento por la Vida de Cajibío en Cauca, la Red de Mujeres del Magdalena, Las Comadres, así como delegadas sindicales y defensoras comunitarias. La iniciativa contó con el apoyo de CAPS, ILSA, Humanidad Vigente y la Secretaría Técnica del FFP. Durante la jornada, representantes de organizaciones sociales de todo el país compartieron aprendizajes, estrategias de cuidado y mecanismos de resistencia frente a la violencia que atraviesa sus cuerpos y territorios.
“La vida de las mujeres no es solo activismo, también es la cotidiana, la dignidad del cuidar. Porque siempre estamos salvando a los demás, pero nos descuidamos”, expresó María Eugenia Brisneda, representante de ILSA, al recordar que los riesgos que enfrentan las defensoras se suman a las cargas domésticas y comunitarias.
Un espacio para sanar y compartir
La jornada estuvo marcada por momentos de armonización espiritual, ejercicios corporales, dinámicas de descarga emocional y la elaboración de mapas corporales y territoriales. Estos ejercicios permitieron identificar tanto los lugares de mayor riesgo como los espacios seguros que han construido las mujeres en medio del conflicto.
Para Janet Reyna , del Centro de Atención Psicosocial (CAPS), la clave del autocuidado está en la colectividad: “Nadie puede cuidarnos si no decidimos hacerlo, pero tampoco podemos hacerlo solas. Necesitamos condiciones estructurales y apoyo comunitario. Por eso este proceso es una responsabilidad compartida”.
A lo largo del encuentro se resaltó que la violencia contra las mujeres se manifiesta no solo en el ámbito público, sino también en lo íntimo y lo cotidiano. “Por el cuerpo de las mujeres pasan todas las violencias, pero también todas las resistencias. Mi cuerpo es mío y yo decido; es mi primer territorio”, subrayó nuevamente María Eugenia, vinculando el cuidado personal con la defensa de la tierra.
De la experiencia al diseño de planes de protección
Las participantes coincidieron en que estos espacios de encuentro son clave para transformar la experiencia en acción política. Desde la Red de Mujeres del Magdalena se destacó que, gracias a ejercicios de cartografía corporal y territorial, lograron elaborar planes de protección propios: “Nunca habíamos tenido la oportunidad de construir un plan de autoprotección con apoyo de organizaciones aliadas. Estas herramientas nos han permitido entrar en programas como el Integral de Garantías y avanzar en políticas públicas”.
Redes que salvan vidas
El último momento del encuentro estuvo dedicado a visibilizar prácticas de cuidado ancestral y comunitario. Dinámicas como el juego “enchutemos la botella” o la socialización de rutinas colectivas —desde encuentros de café hasta musicoterapia o caminatas hacia el río— reafirmaron que la construcción de redes es un elemento esencial de la protección.
“Cuando necesitamos apoyo, basta con un mensaje: ‘¿nos tomamos un cafecito?’ Ese es el llamado para encontrarnos y acompañarnos”, compartió una de las lideresas asistentes.
Más allá de la reflexión, las mujeres presentes ratificaron que su lucha por la vida y el territorio exige unión, creatividad y cuidado mutuo. La consigna que quedó grabada al final de la jornada resume el espíritu del encuentro: “Mi cuerpo es mío, la tierra también; defenderlos es nuestro derecho y nuestra fuerza”.
