Foto tomada por: Verdad Abierta

Maydany Salcedo, defensora ambiental y de derechos humanos de Asintracampic, beneficiaria del Fondo de Fortalecimiento y Protección, relata el grave riesgo que ha vivido ella y su familia por su labor social.

 

Colombia, un país con una rica diversidad cultural y paisajes deslumbrantes, ha sido testigo de un conflicto armado que no cesa, donde las luchas ambientales y territoriales lo convierten en el lugar con más asesinatos de líderes y lideresas que defienden el medio ambiente. Ellos y ellas han tenido que enfrentarse contra empresas mineras legales e ilegales que se han apropiado de manera desmedida de los recursos y han llegado a contaminar sus fuentes hídricas. Cultivos enteros han desaparecido en los municipios y la presencia de economías ilícitas, han dejado a la población en medio de disputas por el control territorial.

Este es el caso de Maydany Salcedo, una mujer campesina defensora del medio ambiente y de los derechos humanos, quien por más de 20 años ha estado en pie de lucha, por defender la vida y la naturaleza. Sin saber antes qué es ser una dirigente social. Maydany se convirtió en la presidenta de la Asociación Municipal Campesina de Trabajadoras y Trabajadores de Piamonte Cauca (Asintracampic), una organización local que cuenta con 904 socios activos, 278 familias entre ellos jóvenes, mujeres cabezas de hogar y niños y niñas, afectados por el conflicto armado.

Maydany, es una defensora incansable, proveniente de Río Blanco Tolima. Desde una edad temprana, su vida estuvo marcada por la violencia, ya que la presencia de grupos armados ilegales era una constante amenaza para su comunidad. Como resultado, ha sido desplazada desde muy joven perseguida y estigmatizada hasta por las administraciones municipales, según ella la han hostigado “tanto los legales, como los ilegales”.

Su trabajo como dirigente social, se consolida desde el año 2008, cuando se constituye la asociación Asinteoc -Asociación Interveredal entre el Río Orteguaza y Caquetá-, en la cual es designada como presidenta e inicia su trabajo como defensora en el sector agropecuario”. A pesar de que la organización se constituyó como una de las asociaciones más fuertes del Caquetá, la misma persecución acabó con Asinteoc.

Estas circunstancias la obligaron a trasladarse en 2012 a Piamonte, Cauca, dónde continuó su labor en la construcción de organizaciones sociales en defensa del territorio y los derechos humanos. Es así como ese mismo año asume la responsabilidad de liderar la asociación campesina Asintracampic.

¿Cómo nace Asintracampic?

Foto: Durante el paro agrario 2013

La Asociación Municipal Campesina de Trabajadoras y Trabajadores de Piamonte Cauca (Asintracampic), nace en 2012 y se consolida en el paro agrario de 2013; cabe resaltar, que el paro se da como una reacción ante los bajos ingresos del campesinado, la desigualdad en la competencia de mercados, los altos costos de producción, los costos excesivos de los agroquímicos y el desequilibrado desarrollo de los tratados de libre comercio (TLC) que firmó el gobierno con diferentes países.

La asociación se encarga de proteger 1.868 hectáreas de bosques primarios y bosques secundarios, crea cordones biológicos para asegurar que las especies animales puedan reproducirse entre familias distintas y no entre miembros de su manada, lo que asegura una descendencia más fuerte en términos genéticos y menos expuesta, por ejemplo, a enfermedades y, a largo plazo a la desaparición de una familia. Tal es el caso del mico bonito, una especie endémica del Caquetá y el Cauca, que está en peligro de extinción, principalmente por la pérdida de su hábitat ocasionada por la deforestación.

Además, la asociación cuenta con una planta de transformación de productos amazónicos, dónde se manipula la piña, también sacan la canangucha de las plantas; entre otros procesos de conservación y transformación ecológica de la materia prima.

En ese contexto Maydany, es elegida como presidenta de la asociación, la cual ha sido reconocida como una fuerte organización, con proyectos con el Fondo Noruego, con ForumCiv, SINCHI y con el PNUD. Según Maydany, su gran avance se debe a qué aunque la asociación es mixta, se caracteriza porque es liderada principalmente por “mujeres fuertes y berracas”. 

La amenazas no cesan

Son varias las ocasiones que ha tenido que solicitar ayuda para la protección propia y de su familia. Maydany recuerda que en agosto de 2022 tuvieron una amenaza muy grande, en la cual 300 familias fueron sacadas del territorio por grupos al margen de la ley. Además asegura que un elemento particular en estos actos, es que los mismos grupos armados han creado sus propias organizaciones, las cuales buscan cooptar a las demás, que quedaron del proceso de paz.

Relata que cuando se firmó el acuerdo de paz, pensaron que sus sueños se habían cumplido. “Fueron 14 meses que vivieron en completa paz. Pero luego empezó una  guerra contra la dirigencia”, en la región andino amazónica. De esta forma, Maydany es víctima de otra persecución a su familia, al punto de que en una ocasión tuvo que ser sacada en caravana militar, por la misma gravedad de las amenazas.

Recientemente el pasado 10 de abril, cuatro hombres armados la amenazaron, para que saliera de Piamonte, asegurando que “si no lo hace le vamos a matar lo más chiquito que tiene” y para Maydany eso significa que sus dos nietos y su mascota, corrían grave peligro. Según la defensora, desde la pandemia, “no han dejado de desplazar, ni asesinar”.

Además de su trabajo comunitario, Maydany se ha convertido en una defensora de los derechos humanos y la justicia social y ambiental reconocida, porque para ella defender lo que es justo “debería importarnos a todos”. Esa lucha le ha costado su bienestar y estabilidad, ya que afirma que no puede vivir tranquila en ninguna parte del país “porque ellos saben siempre dónde está”.

Incluso ha sido estigmatizada en Piamonte, ya que por no ser caucana, la han llamado “guerrillera”. 

Solicitud de ayuda humanitaria al Fondo de Fortalecimiento y Protección (FFP)

Dado el peligro inminente al que ha estado expuesta Maydany, el FFP le brindó un apoyo en los momentos de mayor necesidad. Una primera ayuda económica, le ayudó a cubrir algunos gastos de su estancia en Bogotá, dadas las amenazas que vivió para salir de su territorio y salvaguardar su vida y la de su familia. Ya que varios miembros de sus 4 núcleos familiares, “perdieron sus fincas y casas, o no las perdieron, sino que no han podido volver”.

Por otra parte, el FFP brindó un acompañamiento psicosocial a través del Centro de Atención Psicosocial CAPS, donde Maydany, recibió apoyo psicológico y médico, que le permitió elaborar las afectaciones físicas y emocionales vividas por su contexto de vida y la violación de los derechos humanos sufridos.

Según Maydany, para ella es muy difícil confiar en otra persona, además que ha tenido afectaciones para conciliar el sueño, por lo que cada noche debe usar unas gotas para poder descansar. Sin embargo el proceso que logró con el psicólogo que la atendió, le permitió tener un “avance muy importante”. Ya que para ella, seguir trabajando a pesar de las adversidades, ha sido un elemento fundamental “para no entrar en una crisis emocional”.

No obstante, las dinámicas de su trabajo ya que no solo es responsable de Asintracampic, sino de otras sino de otras organizaciones en el sur, como en Putumayo, Cauca, Huila y Caquetá, han impedido que tenga el acompañamiento psicosocial constante. Por ello, afirma que anhela continuar su proceso, como ejercicio que le ayude a la sanación.

Ser defensora social “es una vocación o una maldición”.

Acostumbrada a la calidez de su hogar, los bosques, la gastronomía (como la yuca, el plátano y la papa) que para ella es sinónimo de paz y vivir bien. Reconoce firmemente que no contempla la idea de irse del país, a pesar de que varias veces le han sugerido esta opción, por la cantidad de amenazas que tiene. Según Maydany, en el extrajero “se vive muy feo, cuando uno puede andar por el monte, tener sus gallinas, sus vacas, ser como un animal libre… se siente uno encerrado como en una cárcel”.

Maydany, ha sido reconocida como una gran defensora de los derechos humanos y del medio ambiente, sin embargo destaca que es colombiana y ama su territorio “no importa donde esté” para ella el defenderlo se ha convertido “en una vocación o una maldición”. Maydany ama lo que hace, porque “cuando hay vida hay esperanza” y es fiel creyente de que la paz en Colombia es posible. 

Está segura que prefiere morir de pie en su país, en su tierra, que arrodillarse ante nadie.

Su testimonio de vida  nos recuerda, la importancia de apoyar a las víctimas del conflicto armado y trabajar juntos para construir una sociedad más justa y pacífica. Maydany agradece enormemente el apoyo que le brindó el Fondo de Fortalecimiento y Protección, lo que significa un rayo de esperanza en medio de una panorama tan desolador, para quienes se enfrentan a las injusticias y reclaman un territorio libre y sano.

Porque solo a través del reconocimiento del dolor y la empatía hacia quienes han sufrido, podemos avanzar hacia una Colombia en la que prevalezcan la esperanza y la reconciliación.

 

Por: Danna Robayo

Comunicadora social y periodista para la Paz

 

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